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Socializando Datos Caminar lento

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17 de Junio del 2019

Balvanero Balderrama García balvanero@gmail.com La famosa canción de Piero de Benedictis, conocido simplemente como Piero, más de alguno la habremos cantado, con mayor o menor entonación, pero sin duda que con emoción, nostalgia y premonición. Nos habla de las fuerzas menguadas, de los lazos de sangre y los contrastes entre lo que es el vástago y lo que es el tata, el apá, el padre, el viejo. Y habla, por supuesto, de continuidad; de cariño, de eco y resonancia, del seguir acá, aunque se haya partido. Sin duda que la temporalidad se vive de distinta manera en el crepúsculo de la vida y en el amanecer o mediodía de la misma. El día del padre, en nuestro país, no es tan popular como el día de la madre. Tampoco son, las estadísticas abundantes con la información sobre los paterfamilias, al menos el enfoque no es así. Aunque cada vez es más común tener la información diferenciada por sexo, con enfoque de género, cuando se habla de quienes encabezan el hogar, pareciera ser que el énfasis se hace en las jefaturas femeninas, en los hogares encabezados por mujeres. Y es comprensible, por el esfuerzo que implica sacar adelante un hogar en tales circunstancias, además de todas las desventajas que social, económica y culturalmente se les cargan a las mujeres. Es necesaria esa visibilización. En el INEGI podemos encontrar información sobre hombres que se hacen cargo del hogar y sus hijas e hijos, solos. La Encuesta Nacional de los Hogares (ENH) 2017, nos ilustra sobre los hogares monoparentales encabezados por hombres. Nos dice la encuesta que en el país había 993,846 hogares donde solamente el varón se hacía cargo de las hijas/hijos; la distribución, a nivel de entidad, la encabeza el Estado de México con el 16.2%, sigue la Ciudad de México con el 9.8%; Jalisco con el 7.1% y Veracruz con el 6.5 por ciento. El estado de Colima representa el 0.5 por ciento en el contexto nacional, con un total de 4 mil 592 hogares encabezados por un hombre. El pasado domingo, a lo largo y ancho del país, los padres fueron, en una gran cantidad de viviendas, el centro de atención con regalos, comidas, festejos, abrazos y algazara. Aunque, seguramente, no todos fueron celebrados; será porque hay un distanciamiento, o porque el olvido se generó en vida, o por la circunstancia que fuera, pero hubo padres que no tuvieron regalos, comida, festejos, abrazos ni algazara. Esa canción que nos dejó en la memoria Piero, seguirá resonando con dejos de nostalgia: ahora ya caminas lerdo, como perdonando el tiempo… yo soy tu sangre mi viejo, soy tu silencio y tu tiempo. Un sentido abrazo a todos y cada uno de quienes viven la responsabilidad y el don de la paternidad.



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