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Los especiales


El PRI, otra vez

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21 de Junio del 2019

Red Política Raúl Merced Lares Apenas el martes había preparado la entrada de la presente colaboración diciendo que “me parece que la próxima elección de la dirigencia nacional del PRI representa para el partido la oportunidad, quizá la última, de transformarse y procesar un verdadero cambio democrático interno, que le permita levantarse del fuerte golpe que le dieron en 2018 y que lo tiene en la lona”. Y lo hacía en función de que el doctor José Narro Robles había denunciado que la elección interna del PRI era una simulación, pues la “línea” o “cargada” era hacia Alejandro Moreno Cárdenas, alfil del ex presidente Enrique Peña Nieto, cabeza del grupo político que aún sigue mandando en el partido. El ex rector de la UNAM y ex Secretario de Salud fue más a fondo al advertir que el PRI corría el riesgo de convertirse en satélite de Morena porque también había intervención en el proceso interno priísta por parte del presidente AMLO, lo cual es creíble si se toma en cuenta que el mesías de Morena también tiene una estimación hacia el gobernador de Campeche con licencia y acostumbra negociar hasta con sus adversarios. Esta acusación podría resultar muy grave para el PRI y los priístas porque si AMLO está interviniendo, indirectamente claro, en el proceso para que quede el favorecido del expresidente EPN, sería porque habría un acuerdo muy arriba entre este liderazgo real del partido y el propio AMLO para que el PRI apoye iniciativas, reformas y proyectos de Morena en el Congreso de la Unión y suavice la crítica priísta -que de por sí ha sido discreta, tibia- a cambio de que el gobierno de Morena no proceda contra EPN por presuntos actos de corrupción. Hasta el momento, lo único que han hecho los priístas y el gobierno federal de Morena es lo típico: sólo negar que esté pasando esto o pueda pasar esto, pero sin dar ningún argumento serio o explicación convincente. José Narro estaría acertando al sospechar que quien sigue mandando en el PRI es el grupo político de EPN y es quien lanzó la línea de apoyar a Alejandro Moreno, para negociar con AMLO su salvación. Y esto se daría así por dos razones: 1. EPN puso en la dirigencia nacional en julio del año pasado a una priísta de su equipo, Claudia Ruiz Massieu, y la ha mantenido ahí hasta el momento para que cuide este proceso y vaya por el rumbo marcado, y 2. Casi todo mundo sabe que el gobernador de Campeche con licencia era uno de los gobernadores favorecidos por EPN. Todo esto pudiera estar pasando en el PRI porque en verdad que no ha tenido un verdadero cambio, una transformación, debido a que no ha tenido un proceso de democratización interna. Las decisiones más importantes siguen siendo tomadas por los grupos políticos que se integran con el presidente en turno. Después de la derrota del 2000, el PRI quedó huérfano y desorientado porque el entonces presidente Ernesto Zedillo no conformó ningún grupo político que siguiera influyendo en el partido ni podría hacerlo porque el partido perdió la Presidencia de la República. Ante esa orfandad, el poder en el PRI fue asumido por los gobernadores de los estados, que sin embargo no pudieron recuperar la presidencia en 2006 y sí en 2012, cuando el grupo Atlajomulco recuperó su poder y logró colocar a Enrique Peña Nieto como candidato presidencial. Pese a esas derrotas mayúsculas, en el PRI no se ha realizado ningún análisis amplio, serio y profundo para encontrar las verdaderas causas de estas derrotas y tomar decisiones para enderezar el camino. No se ha promovido la discusión y el debate político interno, que bien podría ser maduro y civilizado entre la militancia y de los cuales se podrían sacar conclusiones contundentes y reales que ayudaran a democratizar al partido. Yo sí creo que José Narro tenía la intención de dar una verdadera terapia para sacar al PRI de su enfermedad y convertirlo en un partido auténticamente democrático. Se le olvidó o trató de ignorar que en el partido mandan los grupos políticos y que pudiera existir el supuesto pacto de impunidad entre EPN y AMLO. El tiempo, como siempre, dirá si Narro fue certero, si fue un acaloramiento político o incluso si recibió alguna presión para renunciar a sus aspiraciones y al propio partido por haber denunciado una cosa mayor como esta. Por lo pronto, aplica aquello de que en política, lo que se ve, es. Sólo hay que ponerle atención.



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