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Los especiales


La visión de los vencidos

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21 de Octubre del 2019

Socializando Datos Balvanero Balderrama García balvanero@gmail.com El título no responde a la actualidad, en la cual se ganan y pierden batallas de manera cotidiana, a la vez que se autoproclaman vencidos y vencedores de manera alternada, incluso al unísono; el tiempo y los historiadores futuros harán el recuento de la época que transcurre y discurre. Sí responde, por el contrario, al pertinente y valioso libro escrito por el recientemente ausente –y desde ese instante ya extrañado-, Miguel León Portilla, en su especial y única manera de dar voz a los pueblos originarios. Comparto algo que escribí con motivo del 12 de octubre hace un par de años. Se habla del choque de dos mundos, de dos culturas –en la ciudad de México hay una icónica plaza que así se denomina-. Hace 527 años en que se dio este acontecimiento que cambió el rumbo de la historia en nuestro mundo. En cosa de muy pocos años, los españoles dominaron a los pueblos autóctonos, debido a que consideraron dioses a los españoles y a una serie de conjeturas –presagios- favorables a ellos que narra muy bien el historiador Miguel León Portilla en su libro “Visión de los Vencidos”: espiga de fuego en el cielo; se incendia el templo de Huitzilopochtli; cayó un rayo a un templo; cayó fuego del cielo; hierve el agua del lago; mujer llorando y gritando por las noches; como espejo en la cabeza de un pájaro; por mencionar algunos de ellos. Recuerdo la excelente canción de Gabino Palomares, La Maldición de la Malinche, en donde versifica, musicaliza, resume, la historia de nuestro país, desde la perspectiva del desprecio a lo nuestro, las raíces indígenas y la alabanza a lo extranjero. Va narrando cómo llegaron los españoles, la sorpresa que les causó y cómo utilizaron lo desconocido para someter y hacerse pasar por dioses, se lamenta: y cuando nos dimos cuenta, ya todo estaba acabado. Habla de los trescientos años de sometimiento a la Corona Española, sangría milenaria de las riquezas nacionales. Y, desde esa visión, denuncia el cómo seguimos plegados a los requerimientos extranjeros y despreciamos a nuestras raíces. Fecha propicia para mirar y mirarnos; lo que somos, la identidad, aquello que nos identifica –más allá del cliché del tequila, sombrero charro y el cactus como almohada-. Afianzar aquello que nos dota de identidad a los más de 119 millones (INEGI, 2015), como reflexión propositiva de lo que podemos llegar a ser: como individuos, como pueblo, como nación; sin olvidar nunca nuestras raíces.



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