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Los especiales


Llegar a tiempo

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06 de Octubre del 2020

Socializando Datos Balvanero Balderrama García balvanero@gmail.com / @Balvanero.B La puntualidad es apreciada y defendida en casi todos los ámbitos -por no decir que en todos-; pero el honor que se le hace en estas latitudes no es mucha. Sabido son los comentarios: a las 5:30 para iniciar a las 6:00. Hemos sido testigos -o protagonistas- de hechos como el de graduados/as que llegan iniciada la ceremonia buscando ubicarse en su lugar; esperas de autoridades que estarán en el presídium o abrirán algún acto público; en eventos sociales, no se diga. Sobran los ejemplos, como sobran los motivos. En diversas instituciones se está buscando revertir esta situación y se inicia a la hora anunciada con las personas que están. Hay llegadas a tiempo o a destiempo que no tienen mayor trascendencia; pero quien es puntual, lo es en todos los ámbitos y en todas las circunstancias y situaciones. Se dice que el pueblo mexicano es impuntual y la personificación de la puntualidad es el pueblo inglés. Se trata de respetar y respetarse. Pero va mucho más allá. Una cultura de la puntualidad, asumida y vivida, tiene como eje el pensar en las y los demás, no en el pensar en mí. Seres en relación somos al fin. Esta disgregación sobre la puntualidad la motiva un hecho -común entre muchos otros- lamentabilísimo: el asesinato de una joven mujer en Suchitlán, Comala, hace unos días. Y ante este hecho -como al de Morelia, Guadalajara, CDMX, Toluca, Cajeme, Manzanillo, Chihuahua, Tecomán, y un prolongado etcétera- donde son asesinadas todos los días mujeres, se ha llegado y se sigue llegando tarde. De acuerdo con datos del INEGI, en el 2019 se registraron, en el país, 36 mil 476 homicidios; el 10.6 fue de mujeres. En el estado de Colima, en el mismo año, el porcentaje de mujeres asesinadas fue de 13.1, por encima de la media nacional. El primigenio derecho, a la vida, no tiene mayor valor en una sociedad que replica, en los hechos, con la discriminación, el odio, la misoginia, el desprecio a lo que no es “normal”, el poco valor que tienen muchas y muchos de sus integrantes. Una orden de protección, el papel, nada puede hacer ante el homicida y sus armas; ocupa el respaldo institucional de hacer valer lo que ese documento significa: estás protegida por el Estado, por sus instituciones. La sociedad llegamos tarde ante estos asesinatos, feminicidios; las instituciones de justicia llegan tarde. No se debe acudir a recoger más cadáveres, se debe de trabajar para generar una cultura de paz, una cultura de inclusión, una cultura de respeto, una cultura que favorezca el Estado de Derecho.



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