Raúl Merced Lares

El presidente López insiste en mandar al matadero a los mexicanos por el Covid-19.

De nuevo volvió a la carga con su idea autoritaria de que los niños regresen ya a las clases presenciales, pues considera que hay condiciones para que esto se dé en agosto, cuando inicie el ciclo escolar 2021-2022 en el país.

Con esto, insiste en ignorar aquel criterio técnico y sanitario que defendió el ex secretario de Educación, Esteban Moctezuma, en el sentido de que el regreso a clases presenciales sería cuando la mayor parte del país estuviera en semáforo verde, privilegiando la salud y la vida de escolares y docentes. Por eso, tal vez, el presidente lo quitó de la SEP y lo mandó de embajador de México en EU.

El “sustento” que sigue el presidente López para regresar a los niños a las escuelas no es, sin embargo, un razonamiento o argumento sanitario que debiera imponerse en el tema. No. Dice que hay regresar a los escolares a las clases presenciales porque hacerlo a distancia, de manera virtual, afecta la salud mental de los niños, cuando me parece que esta afectación aplica principalmente en el caso de los adultos y los adultos mayores.

Esta ocurrencia presidencial de que los niños regresen ya a las escuelas, pese a la situación crítica de la pandemia, fue rechazada por cierto el año pasado por los maestros y los gobiernos de Campeche y Chiapas, aunque pretextaron su negativa diciendo que las escuelas y los docentes no estaban listos. Esta intención del presidente López sonó como experimento porque en ese entonces también la mayor parte del país estaba en amarillo (riesgo moderado) del color del semáforo epidemiológico y sólo esos estados estaban en riesgo bajo.

Nos parece que más allá de que los niños regresen a las clases presenciales, el problema es que el retorno a las escuelas provocaría la movilidad de no sólo de millones de escolares, sino de millones más de padres de familia, docentes, trabajadores de la educación y de otros giros que se mueven en torno a la actividad escolar en el país. Y es que no pocos de estos actores que se mueven en torno a las escuelas no adoptan ni están adoptando las recomendaciones de las medidas de prevención, lo que implica más riesgo de infección del que ya existe.

Si realmente le interesara la salud y la vida de las personas, el presidente López estaría dando razones o consideraciones como las que hacen gobernadores y expertos en el sentido de que, en su momento, habría que analizar la posibilidad de regresar el 31 de agosto a la escuela, en base a la opinión técnica y sanitaria sobre la situación de la pandemia, pero no imponer por decreto, como lo quiere hacer el gobierno de López.

Es claro que el regreso a clases debe darse cuando el riesgo de contagio sea bajo, lo cual desde un punto de vista optimista sería en los primeros meses del próximo año, cuando la vacunación se haya acercado a la meta del 70 % que se requiere para alcanzar la inmunidad de rebaño.

Por lo pronto, para disfrazar el nuevo fracaso del manejo criminal y negligente que ha dado el gobierno de López a la pandemia, la Secretaría de Salud federal modificó los criterios para determinar el color del semáforo epidemiológico del Covid-19 y poner en verde la mayoría del país y, así, decretar el regreso en agosto a las clases presenciales. Ahora para los colores del semáforo se tomarán en cuenta principalmente los datos de hospitalización (ocupación de camas) y no el número de casos u otro indicador, quizá porque al presidente ya le dijeron que con la vacunación vienen disminuyendo las hospitalizaciones y la mortalidad, dos de los indicadores para determinar el semáforo. Con esta maniobra busca poner pronto en verde el país, cuando en realidad sería amarillo. Sin embargo, debido a la tercera ola del Covid-19, el país está en amarillo en su mayoría, cuando sería naranja, y los que están en verde, en realidad están en amarillo.

Y tal como ha sucedido en otros temas o asuntos en donde solitos se han ahorcado con sus declaraciones, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien por cierto hace algunas semanas también dijo que ya veía una “luz al final del túnel” por la pandemia del Covid-19, dijo literalmente que el cambio de metodología para el semáforo epidemiológico que hizo el gobierno de López fue para facilitar el regreso a las clases presenciales en agosto, tal como lo quiere el presidente López. Una verdadera vergüenza y un nuevo fracaso porque pese al cambio de método para poner verde a la mayoría del país, resulta que ya se puso en amarillo y amenaza con ponerse en naranja.

Por lo pronto, para tener el control total de los números y los semáforos, la Secretaría de Salud presentó al Conasa el proyecto de los nuevos parámetros de medición del semáforo de riesgo epidémico, el cual contempla que es competencia del Gobierno Federal elaborar e instruir los lineamientos por ser materia de salubridad general; mientras que las y los gobernadores tienen la responsabilidad de aplicar las medidas de acuerdo con el semáforo.

Esto querría decir que los colores del semáforo ya no serán determinados en los estados, sino que tendrán que ser los que indique el nivel federal, que sin embargo tendría que esperar al menos este año para empezar a pintar de verde al país.

Reiteramos: el presidente López y su gobierno han dado un manejo negligente y criminal a la pandemia en México. Es uno de los principales responsables de un cuarto o medio millón de muertos y casi tres millones de contagiados. Los otros son los millones de irresponsables y valemadristas que no han dejado de salir y sin respetar las medidas sanitarias.

El Covid-19, de nuevo, está dando una bofetada con guante blanco al presidente López en el tema de la pandemia, en particular en el regreso a clases presenciales. Y es posible que en los próximos días insista que se regresen a las escuelas en los estados en verde, lo cual sería otra falla del gobierno federal porque ningún estado del país ha podido sostenerse en riesgo bajo por un tiempo duradero.

López no debiera causar más daños con actitudes y decisiones autoritarias y viscerales. ¿No han sido suficientes más de un cuarto de millón de muertos (los enterados dicen que realmente son más de medio millón) y casi tres millones de contagios?

Catastróficamente, la estrategia del gobierno de López por la pandemia ha sido la misma que ha utilizado en el “combate” a la inseguridad: puro contar muertos.

 

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El presidente López insiste en mandar al matadero a los mexicanos por el Covid-19.

De nuevo volvió a la carga con su idea autoritaria de que los niños regresen ya a las clases presenciales, pues considera que hay condiciones para que esto se dé en agosto, cuando inicie el ciclo escolar 2021-2022 en el país.

Con esto, insiste en ignorar aquel criterio técnico y sanitario que defendió el ex secretario de Educación, Esteban Moctezuma, en el sentido de que el regreso a clases presenciales sería cuando la mayor parte del país estuviera en semáforo verde, privilegiando la salud y la vida de escolares y docentes. Por eso, tal vez, el presidente lo quitó de la SEP y lo mandó de embajador de México en EU.

El “sustento” que sigue el presidente López para regresar a los niños a las escuelas no es, sin embargo, un razonamiento o argumento sanitario que debiera imponerse en el tema. No. Dice que hay regresar a los escolares a las clases presenciales porque hacerlo a distancia, de manera virtual, afecta la salud mental de los niños, cuando me parece que esta afectación aplica principalmente en el caso de los adultos y los adultos mayores.

Esta ocurrencia presidencial de que los niños regresen ya a las escuelas, pese a la situación crítica de la pandemia, fue rechazada por cierto el año pasado por los maestros y los gobiernos de Campeche y Chiapas, aunque pretextaron su negativa diciendo que las escuelas y los docentes no estaban listos. Esta intención del presidente López sonó como experimento porque en ese entonces también la mayor parte del país estaba en amarillo (riesgo moderado) del color del semáforo epidemiológico y sólo esos estados estaban en riesgo bajo.

Nos parece que más allá de que los niños regresen a las clases presenciales, el problema es que el retorno a las escuelas provocaría la movilidad de no sólo de millones de escolares, sino de millones más de padres de familia, docentes, trabajadores de la educación y de otros giros que se mueven en torno a la actividad escolar en el país. Y es que no pocos de estos actores que se mueven en torno a las escuelas no adoptan ni están adoptando las recomendaciones de las medidas de prevención, lo que implica más riesgo de infección del que ya existe.

Si realmente le interesara la salud y la vida de las personas, el presidente López estaría dando razones o consideraciones como las que hacen gobernadores y expertos en el sentido de que, en su momento, habría que analizar la posibilidad de regresar el 31 de agosto a la escuela, en base a la opinión técnica y sanitaria sobre la situación de la pandemia, pero no imponer por decreto, como lo quiere hacer el gobierno de López.

Es claro que el regreso a clases debe darse cuando el riesgo de contagio sea bajo, lo cual desde un punto de vista optimista sería en los primeros meses del próximo año, cuando la vacunación se haya acercado a la meta del 70 % que se requiere para alcanzar la inmunidad de rebaño.

Por lo pronto, para disfrazar el nuevo fracaso del manejo criminal y negligente que ha dado el gobierno de López a la pandemia, la Secretaría de Salud federal modificó los criterios para determinar el color del semáforo epidemiológico del Covid-19 y poner en verde la mayoría del país y, así, decretar el regreso en agosto a las clases presenciales. Ahora para los colores del semáforo se tomarán en cuenta principalmente los datos de hospitalización (ocupación de camas) y no el número de casos u otro indicador, quizá porque al presidente ya le dijeron que con la vacunación vienen disminuyendo las hospitalizaciones y la mortalidad, dos de los indicadores para determinar el semáforo. Con esta maniobra busca poner pronto en verde el país, cuando en realidad sería amarillo. Sin embargo, debido a la tercera ola del Covid-19, el país está en amarillo en su mayoría, cuando sería naranja, y los que están en verde, en realidad están en amarillo.

Y tal como ha sucedido en otros temas o asuntos en donde solitos se han ahorcado con sus declaraciones, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien por cierto hace algunas semanas también dijo que ya veía una “luz al final del túnel” por la pandemia del Covid-19, dijo literalmente que el cambio de metodología para el semáforo epidemiológico que hizo el gobierno de López fue para facilitar el regreso a las clases presenciales en agosto, tal como lo quiere el presidente López. Una verdadera vergüenza y un nuevo fracaso porque pese al cambio de método para poner verde a la mayoría del país, resulta que ya se puso en amarillo y amenaza con ponerse en naranja.

Por lo pronto, para tener el control total de los números y los semáforos, la Secretaría de Salud presentó al Conasa el proyecto de los nuevos parámetros de medición del semáforo de riesgo epidémico, el cual contempla que es competencia del Gobierno Federal elaborar e instruir los lineamientos por ser materia de salubridad general; mientras que las y los gobernadores tienen la responsabilidad de aplicar las medidas de acuerdo con el semáforo.

Esto querría decir que los colores del semáforo ya no serán determinados en los estados, sino que tendrán que ser los que indique el nivel federal, que sin embargo tendría que esperar al menos este año para empezar a pintar de verde al país.

Reiteramos: el presidente López y su gobierno han dado un manejo negligente y criminal a la pandemia en México. Es uno de los principales responsables de un cuarto o medio millón de muertos y casi tres millones de contagiados. Los otros son los millones de irresponsables y valemadristas que no han dejado de salir y sin respetar las medidas sanitarias.

El Covid-19, de nuevo, está dando una bofetada con guante blanco al presidente López en el tema de la pandemia, en particular en el regreso a clases presenciales. Y es posible que en los próximos días insista que se regresen a las escuelas en los estados en verde, lo cual sería otra falla del gobierno federal porque ningún estado del país ha podido sostenerse en riesgo bajo por un tiempo duradero.

López no debiera causar más daños con actitudes y decisiones autoritarias y viscerales. ¿No han sido suficientes más de un cuarto de millón de muertos (los enterados dicen que realmente son más de medio millón) y casi tres millones de contagios?

Catastróficamente, la estrategia del gobierno de López por la pandemia ha sido la misma que ha utilizado en el “combate” a la inseguridad: puro contar muertos.

 

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26 de Julio del 2021

Raúl Merced Lares

El presidente López insiste en mandar al matadero a los mexicanos por el Covid-19.

De nuevo volvió a la carga con su idea autoritaria de que los niños regresen ya a las clases presenciales, pues considera que hay condiciones para que esto se dé en agosto, cuando inicie el ciclo escolar 2021-2022 en el país.

Con esto, insiste en ignorar aquel criterio técnico y sanitario que defendió el ex secretario de Educación, Esteban Moctezuma, en el sentido de que el regreso a clases presenciales sería cuando la mayor parte del país estuviera en semáforo verde, privilegiando la salud y la vida de escolares y docentes. Por eso, tal vez, el presidente lo quitó de la SEP y lo mandó de embajador de México en EU.

El “sustento” que sigue el presidente López para regresar a los niños a las escuelas no es, sin embargo, un razonamiento o argumento sanitario que debiera imponerse en el tema. No. Dice que hay regresar a los escolares a las clases presenciales porque hacerlo a distancia, de manera virtual, afecta la salud mental de los niños, cuando me parece que esta afectación aplica principalmente en el caso de los adultos y los adultos mayores.

Esta ocurrencia presidencial de que los niños regresen ya a las escuelas, pese a la situación crítica de la pandemia, fue rechazada por cierto el año pasado por los maestros y los gobiernos de Campeche y Chiapas, aunque pretextaron su negativa diciendo que las escuelas y los docentes no estaban listos. Esta intención del presidente López sonó como experimento porque en ese entonces también la mayor parte del país estaba en amarillo (riesgo moderado) del color del semáforo epidemiológico y sólo esos estados estaban en riesgo bajo.

Nos parece que más allá de que los niños regresen a las clases presenciales, el problema es que el retorno a las escuelas provocaría la movilidad de no sólo de millones de escolares, sino de millones más de padres de familia, docentes, trabajadores de la educación y de otros giros que se mueven en torno a la actividad escolar en el país. Y es que no pocos de estos actores que se mueven en torno a las escuelas no adoptan ni están adoptando las recomendaciones de las medidas de prevención, lo que implica más riesgo de infección del que ya existe.

Si realmente le interesara la salud y la vida de las personas, el presidente López estaría dando razones o consideraciones como las que hacen gobernadores y expertos en el sentido de que, en su momento, habría que analizar la posibilidad de regresar el 31 de agosto a la escuela, en base a la opinión técnica y sanitaria sobre la situación de la pandemia, pero no imponer por decreto, como lo quiere hacer el gobierno de López.

Es claro que el regreso a clases debe darse cuando el riesgo de contagio sea bajo, lo cual desde un punto de vista optimista sería en los primeros meses del próximo año, cuando la vacunación se haya acercado a la meta del 70 % que se requiere para alcanzar la inmunidad de rebaño.

Por lo pronto, para disfrazar el nuevo fracaso del manejo criminal y negligente que ha dado el gobierno de López a la pandemia, la Secretaría de Salud federal modificó los criterios para determinar el color del semáforo epidemiológico del Covid-19 y poner en verde la mayoría del país y, así, decretar el regreso en agosto a las clases presenciales. Ahora para los colores del semáforo se tomarán en cuenta principalmente los datos de hospitalización (ocupación de camas) y no el número de casos u otro indicador, quizá porque al presidente ya le dijeron que con la vacunación vienen disminuyendo las hospitalizaciones y la mortalidad, dos de los indicadores para determinar el semáforo. Con esta maniobra busca poner pronto en verde el país, cuando en realidad sería amarillo. Sin embargo, debido a la tercera ola del Covid-19, el país está en amarillo en su mayoría, cuando sería naranja, y los que están en verde, en realidad están en amarillo.

Y tal como ha sucedido en otros temas o asuntos en donde solitos se han ahorcado con sus declaraciones, la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, quien por cierto hace algunas semanas también dijo que ya veía una “luz al final del túnel” por la pandemia del Covid-19, dijo literalmente que el cambio de metodología para el semáforo epidemiológico que hizo el gobierno de López fue para facilitar el regreso a las clases presenciales en agosto, tal como lo quiere el presidente López. Una verdadera vergüenza y un nuevo fracaso porque pese al cambio de método para poner verde a la mayoría del país, resulta que ya se puso en amarillo y amenaza con ponerse en naranja.

Por lo pronto, para tener el control total de los números y los semáforos, la Secretaría de Salud presentó al Conasa el proyecto de los nuevos parámetros de medición del semáforo de riesgo epidémico, el cual contempla que es competencia del Gobierno Federal elaborar e instruir los lineamientos por ser materia de salubridad general; mientras que las y los gobernadores tienen la responsabilidad de aplicar las medidas de acuerdo con el semáforo.

Esto querría decir que los colores del semáforo ya no serán determinados en los estados, sino que tendrán que ser los que indique el nivel federal, que sin embargo tendría que esperar al menos este año para empezar a pintar de verde al país.

Reiteramos: el presidente López y su gobierno han dado un manejo negligente y criminal a la pandemia en México. Es uno de los principales responsables de un cuarto o medio millón de muertos y casi tres millones de contagiados. Los otros son los millones de irresponsables y valemadristas que no han dejado de salir y sin respetar las medidas sanitarias.

El Covid-19, de nuevo, está dando una bofetada con guante blanco al presidente López en el tema de la pandemia, en particular en el regreso a clases presenciales. Y es posible que en los próximos días insista que se regresen a las escuelas en los estados en verde, lo cual sería otra falla del gobierno federal porque ningún estado del país ha podido sostenerse en riesgo bajo por un tiempo duradero.

López no debiera causar más daños con actitudes y decisiones autoritarias y viscerales. ¿No han sido suficientes más de un cuarto de millón de muertos (los enterados dicen que realmente son más de medio millón) y casi tres millones de contagios?

Catastróficamente, la estrategia del gobierno de López por la pandemia ha sido la misma que ha utilizado en el “combate” a la inseguridad: puro contar muertos.

 

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