Socializando Datos


Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

Parecía interminable.

La tierra, arriba y supongo que abajo, se movía, oscilaba, tomaba impulso, mecía nuestro cuerpo y nuestra mente volaba a las personas ausentes, que por sus responsabilidades ocupaban un espacio distinto, lejano.

Parece ser que la madre-tierra nos recuerda -de vez en vez- que ella estaba antes que los seres humanos y muy posiblemente siga después.

Aunque nos sintamos amos, dueños y señoras del entorno; lo modifiquemos, contaminemos, hurguemos en sus profundidades, nos veamos conquistadores de tierras lejanas y cercanas, encaucemos ríos, modifiquemos cordilleras, vayamos al espacio exterior, ante la fuerza de la madre naturaleza, poco o nada podemos.

Ante sismos de estas magnitudes, y otras, nuestras construcciones no son garantía. Y mucho menos si al hacerlas priva el lucro malsano de ganar más en detrimento de la calidad de las edificaciones.

Frágiles, apenas una caña pensante, decía Pascal.

En el occidente del país, el sismo se sintió con fuerza. En esos momentos somos conscientes de nuestra finitud, se implora, se reflexiona… pero pasa el tiempo, y se nos olvida. Tazamos y medimos desde nuestra particular perspectiva que nada es la del tiempo que lleva este planeta orbitando. Por ello, diez años, 20 años, 100 años nos parecen suficientes para olvidar y relajarnos.

En Colima, particularmente, se sintió “bien feo”; aún ahora no sé cuánto duró. Lo pasé sentado en el porche, solo, viendo moverse el techo, los árboles, las lámparas, autos… y el propio cuerpo.

Es el tercer septiembre 19 que nos vemos en estos trances. Casualidades más allá de otras teorías, considero.

En esta ocasión dos personas perdieron la vida, además de otras lesionadas. Las pérdidas económicas aún no se cuantifican; se ha hecho relación de daños en edificios públicos, muchos de ellos hospitales.

Los simulacros de ese día, minutos antes del sismo, a decir de varias personas responsables de organizarlos en escuelas e instituciones diversas, sirvió porque las personas tenían presente cómo reaccionar y hacia dónde ir.

También, ese día inició en el país, y las zonas afectadas un ejercicio estadístico que ofrecerá datos que son necesarios: el Censo Agropecuario 2022.

La vida no se detiene y hemos sido testigos de que la tierra también está viva y nos lo recordó de manera contundente. Conviene no olvidarlo y buscar formas de relación más armoniosas con nuestro entorno, es por nuestra propia seguridad y supervivencia.

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Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

Parecía interminable.

La tierra, arriba y supongo que abajo, se movía, oscilaba, tomaba impulso, mecía nuestro cuerpo y nuestra mente volaba a las personas ausentes, que por sus responsabilidades ocupaban un espacio distinto, lejano.

Parece ser que la madre-tierra nos recuerda -de vez en vez- que ella estaba antes que los seres humanos y muy posiblemente siga después.

Aunque nos sintamos amos, dueños y señoras del entorno; lo modifiquemos, contaminemos, hurguemos en sus profundidades, nos veamos conquistadores de tierras lejanas y cercanas, encaucemos ríos, modifiquemos cordilleras, vayamos al espacio exterior, ante la fuerza de la madre naturaleza, poco o nada podemos.

Ante sismos de estas magnitudes, y otras, nuestras construcciones no son garantía. Y mucho menos si al hacerlas priva el lucro malsano de ganar más en detrimento de la calidad de las edificaciones.

Frágiles, apenas una caña pensante, decía Pascal.

En el occidente del país, el sismo se sintió con fuerza. En esos momentos somos conscientes de nuestra finitud, se implora, se reflexiona… pero pasa el tiempo, y se nos olvida. Tazamos y medimos desde nuestra particular perspectiva que nada es la del tiempo que lleva este planeta orbitando. Por ello, diez años, 20 años, 100 años nos parecen suficientes para olvidar y relajarnos.

En Colima, particularmente, se sintió “bien feo”; aún ahora no sé cuánto duró. Lo pasé sentado en el porche, solo, viendo moverse el techo, los árboles, las lámparas, autos… y el propio cuerpo.

Es el tercer septiembre 19 que nos vemos en estos trances. Casualidades más allá de otras teorías, considero.

En esta ocasión dos personas perdieron la vida, además de otras lesionadas. Las pérdidas económicas aún no se cuantifican; se ha hecho relación de daños en edificios públicos, muchos de ellos hospitales.

Los simulacros de ese día, minutos antes del sismo, a decir de varias personas responsables de organizarlos en escuelas e instituciones diversas, sirvió porque las personas tenían presente cómo reaccionar y hacia dónde ir.

También, ese día inició en el país, y las zonas afectadas un ejercicio estadístico que ofrecerá datos que son necesarios: el Censo Agropecuario 2022.

La vida no se detiene y hemos sido testigos de que la tierra también está viva y nos lo recordó de manera contundente. Conviene no olvidarlo y buscar formas de relación más armoniosas con nuestro entorno, es por nuestra propia seguridad y supervivencia.

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20 de Septiembre del 2022

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Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

Parecía interminable.

La tierra, arriba y supongo que abajo, se movía, oscilaba, tomaba impulso, mecía nuestro cuerpo y nuestra mente volaba a las personas ausentes, que por sus responsabilidades ocupaban un espacio distinto, lejano.

Parece ser que la madre-tierra nos recuerda -de vez en vez- que ella estaba antes que los seres humanos y muy posiblemente siga después.

Aunque nos sintamos amos, dueños y señoras del entorno; lo modifiquemos, contaminemos, hurguemos en sus profundidades, nos veamos conquistadores de tierras lejanas y cercanas, encaucemos ríos, modifiquemos cordilleras, vayamos al espacio exterior, ante la fuerza de la madre naturaleza, poco o nada podemos.

Ante sismos de estas magnitudes, y otras, nuestras construcciones no son garantía. Y mucho menos si al hacerlas priva el lucro malsano de ganar más en detrimento de la calidad de las edificaciones.

Frágiles, apenas una caña pensante, decía Pascal.

En el occidente del país, el sismo se sintió con fuerza. En esos momentos somos conscientes de nuestra finitud, se implora, se reflexiona… pero pasa el tiempo, y se nos olvida. Tazamos y medimos desde nuestra particular perspectiva que nada es la del tiempo que lleva este planeta orbitando. Por ello, diez años, 20 años, 100 años nos parecen suficientes para olvidar y relajarnos.

En Colima, particularmente, se sintió “bien feo”; aún ahora no sé cuánto duró. Lo pasé sentado en el porche, solo, viendo moverse el techo, los árboles, las lámparas, autos… y el propio cuerpo.

Es el tercer septiembre 19 que nos vemos en estos trances. Casualidades más allá de otras teorías, considero.

En esta ocasión dos personas perdieron la vida, además de otras lesionadas. Las pérdidas económicas aún no se cuantifican; se ha hecho relación de daños en edificios públicos, muchos de ellos hospitales.

Los simulacros de ese día, minutos antes del sismo, a decir de varias personas responsables de organizarlos en escuelas e instituciones diversas, sirvió porque las personas tenían presente cómo reaccionar y hacia dónde ir.

También, ese día inició en el país, y las zonas afectadas un ejercicio estadístico que ofrecerá datos que son necesarios: el Censo Agropecuario 2022.

La vida no se detiene y hemos sido testigos de que la tierra también está viva y nos lo recordó de manera contundente. Conviene no olvidarlo y buscar formas de relación más armoniosas con nuestro entorno, es por nuestra propia seguridad y supervivencia.

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