Socializando Datos

Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

Caminé de regreso a mi trabajo después de dejar el carrito 1991 en el taller.

Enfilé hacia el sur, por Camino Real, a la altura del Bachillerato 1 de la Universidad de Colima; en el cruce de Felipe Sevilla, tomé a mi derecha y seguí, paso tras paso… crucé varias cuadras, un restaurante en la esquina con Jesús Ponce me trajo buenos recuerdos: a pan de la casa, doradito, con mantequilla con hierbas…

Seguí por la acera, sin prisa, despacio; crucé Ignacio Manuel Altamirano y ante una casa abandonada, con mucha hojarasca, me llamó la atención un bulto que apenas se movía… era un perrito que se apreciaba respiraba con dificultad, seguí tres, cuatro pasos… me detuve y no pude seguir.

Retorné sobre mis pasos, de prisa, al Kiosko de la esquina (espero que no se vaya, pensaba)… compré dos bolsas de comida, de esas que se anuncian como premios a mascotas bien portadas, pregunté por un recipiente, no hubo. Tomé una botella de agua de litro y medio, la joven dependiente me prestó un jarro para poner el agua y un cuchillo, corté la botella y en la base puse un poco de agua, pagué y salí de prisa.

Ahí seguía, hecho bolita… le puse el agua primero, apenas la olió, pero no se levantó, junto a su cabeza, limpié la hojarasca y vertí un sobre, olió, acercó la nariz y agarró un trozo, enseguida, vertí el segundo sobre, y se puso sobre sus cuatro patas a comer.

Tomé una foto para subirla al face, a perros extraviados. Y con el corazón apretado, me fui.

Hice un trámite en las oficinas del ISSSTE y seguí a mi trabajo, todavía pensando en esa ¿suerte?

En casa hay una perrita y un perrito, ambos rescatados de la calle. Mis hijas tienen dos perritas. Tienen buena vida, podría ser mejor, se les quiere y atiende.

El INEGI reportó para el estado de Colima 525,049 mascotas (ENBIARE, 2021); 214 mil perros, 88 mil gatos y 190 mil clasificó en otras. ¿Cuántas de esas mascotas tienen hogar? ¿Cuántas están en la calle?

Desafortunadamente no es la única realidad complicada que podemos ver, si queremos. Casi cada semáforo en un recordatorio de lo que falta, de carencias y necesidades. En calles, banquetas y jardines se aprecian historias difíciles.

¿Por qué? Es una pregunta sin respuesta satisfactoria. No pensemos sólo en la gran cantidad de animalitos abandonados o/y en maltrato. ¿Por qué la violencia? ¿Por qué niñas, niños, adultos mayores también en la violencia y el abandono?

Afortunadamente hay muchas personas de buena voluntad que van más allá de sus posibilidades; más allá del sobre y el agua momentáneo; más allá de la moneda; incluso más allá, mucho más, de las miradas que no ven.

Esos por qués requieren respuestas vivas y actuantes, no en solitario o de manera individual; respuestas en colectivo, en comunidad, en sociedad.

Caminemos de vez en vez, mirando y encontraremos muchos espacios para ayuda. Somos seres relacionales, seres racionales, sociales por naturaleza, démosles sentido a esas frases.

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Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

Caminé de regreso a mi trabajo después de dejar el carrito 1991 en el taller.

Enfilé hacia el sur, por Camino Real, a la altura del Bachillerato 1 de la Universidad de Colima; en el cruce de Felipe Sevilla, tomé a mi derecha y seguí, paso tras paso… crucé varias cuadras, un restaurante en la esquina con Jesús Ponce me trajo buenos recuerdos: a pan de la casa, doradito, con mantequilla con hierbas…

Seguí por la acera, sin prisa, despacio; crucé Ignacio Manuel Altamirano y ante una casa abandonada, con mucha hojarasca, me llamó la atención un bulto que apenas se movía… era un perrito que se apreciaba respiraba con dificultad, seguí tres, cuatro pasos… me detuve y no pude seguir.

Retorné sobre mis pasos, de prisa, al Kiosko de la esquina (espero que no se vaya, pensaba)… compré dos bolsas de comida, de esas que se anuncian como premios a mascotas bien portadas, pregunté por un recipiente, no hubo. Tomé una botella de agua de litro y medio, la joven dependiente me prestó un jarro para poner el agua y un cuchillo, corté la botella y en la base puse un poco de agua, pagué y salí de prisa.

Ahí seguía, hecho bolita… le puse el agua primero, apenas la olió, pero no se levantó, junto a su cabeza, limpié la hojarasca y vertí un sobre, olió, acercó la nariz y agarró un trozo, enseguida, vertí el segundo sobre, y se puso sobre sus cuatro patas a comer.

Tomé una foto para subirla al face, a perros extraviados. Y con el corazón apretado, me fui.

Hice un trámite en las oficinas del ISSSTE y seguí a mi trabajo, todavía pensando en esa ¿suerte?

En casa hay una perrita y un perrito, ambos rescatados de la calle. Mis hijas tienen dos perritas. Tienen buena vida, podría ser mejor, se les quiere y atiende.

El INEGI reportó para el estado de Colima 525,049 mascotas (ENBIARE, 2021); 214 mil perros, 88 mil gatos y 190 mil clasificó en otras. ¿Cuántas de esas mascotas tienen hogar? ¿Cuántas están en la calle?

Desafortunadamente no es la única realidad complicada que podemos ver, si queremos. Casi cada semáforo en un recordatorio de lo que falta, de carencias y necesidades. En calles, banquetas y jardines se aprecian historias difíciles.

¿Por qué? Es una pregunta sin respuesta satisfactoria. No pensemos sólo en la gran cantidad de animalitos abandonados o/y en maltrato. ¿Por qué la violencia? ¿Por qué niñas, niños, adultos mayores también en la violencia y el abandono?

Afortunadamente hay muchas personas de buena voluntad que van más allá de sus posibilidades; más allá del sobre y el agua momentáneo; más allá de la moneda; incluso más allá, mucho más, de las miradas que no ven.

Esos por qués requieren respuestas vivas y actuantes, no en solitario o de manera individual; respuestas en colectivo, en comunidad, en sociedad.

Caminemos de vez en vez, mirando y encontraremos muchos espacios para ayuda. Somos seres relacionales, seres racionales, sociales por naturaleza, démosles sentido a esas frases.

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18 de Enero del 2023

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Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

Caminé de regreso a mi trabajo después de dejar el carrito 1991 en el taller.

Enfilé hacia el sur, por Camino Real, a la altura del Bachillerato 1 de la Universidad de Colima; en el cruce de Felipe Sevilla, tomé a mi derecha y seguí, paso tras paso… crucé varias cuadras, un restaurante en la esquina con Jesús Ponce me trajo buenos recuerdos: a pan de la casa, doradito, con mantequilla con hierbas…

Seguí por la acera, sin prisa, despacio; crucé Ignacio Manuel Altamirano y ante una casa abandonada, con mucha hojarasca, me llamó la atención un bulto que apenas se movía… era un perrito que se apreciaba respiraba con dificultad, seguí tres, cuatro pasos… me detuve y no pude seguir.

Retorné sobre mis pasos, de prisa, al Kiosko de la esquina (espero que no se vaya, pensaba)… compré dos bolsas de comida, de esas que se anuncian como premios a mascotas bien portadas, pregunté por un recipiente, no hubo. Tomé una botella de agua de litro y medio, la joven dependiente me prestó un jarro para poner el agua y un cuchillo, corté la botella y en la base puse un poco de agua, pagué y salí de prisa.

Ahí seguía, hecho bolita… le puse el agua primero, apenas la olió, pero no se levantó, junto a su cabeza, limpié la hojarasca y vertí un sobre, olió, acercó la nariz y agarró un trozo, enseguida, vertí el segundo sobre, y se puso sobre sus cuatro patas a comer.

Tomé una foto para subirla al face, a perros extraviados. Y con el corazón apretado, me fui.

Hice un trámite en las oficinas del ISSSTE y seguí a mi trabajo, todavía pensando en esa ¿suerte?

En casa hay una perrita y un perrito, ambos rescatados de la calle. Mis hijas tienen dos perritas. Tienen buena vida, podría ser mejor, se les quiere y atiende.

El INEGI reportó para el estado de Colima 525,049 mascotas (ENBIARE, 2021); 214 mil perros, 88 mil gatos y 190 mil clasificó en otras. ¿Cuántas de esas mascotas tienen hogar? ¿Cuántas están en la calle?

Desafortunadamente no es la única realidad complicada que podemos ver, si queremos. Casi cada semáforo en un recordatorio de lo que falta, de carencias y necesidades. En calles, banquetas y jardines se aprecian historias difíciles.

¿Por qué? Es una pregunta sin respuesta satisfactoria. No pensemos sólo en la gran cantidad de animalitos abandonados o/y en maltrato. ¿Por qué la violencia? ¿Por qué niñas, niños, adultos mayores también en la violencia y el abandono?

Afortunadamente hay muchas personas de buena voluntad que van más allá de sus posibilidades; más allá del sobre y el agua momentáneo; más allá de la moneda; incluso más allá, mucho más, de las miradas que no ven.

Esos por qués requieren respuestas vivas y actuantes, no en solitario o de manera individual; respuestas en colectivo, en comunidad, en sociedad.

Caminemos de vez en vez, mirando y encontraremos muchos espacios para ayuda. Somos seres relacionales, seres racionales, sociales por naturaleza, démosles sentido a esas frases.

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