Pongamos todo en perspectiva // Carlos Villalobos
Hoy nuestra realidad y nuestro mundo premia el
grito, la fuerza, la velocidad, se mide el éxito en likes, la inteligencia en
frases lapidarias(que caben solo en un tuit) y la fortaleza en la capacidad de
seguir lo más rápido posible aunque duela. Pero hay algo profundamente
subversivo en detenerse, en mirar con calma. En cuidar, tomarse un tiempo y
respirar.
He estado pensando, más de la cuenta, en la
ternura y no como un adorno, ni como un gesto bonito superficial que cabe en un
mensaje de buenos días, sino como una postura política(sí, como una postura
política), como una decisión y como un acto radical.
La ternura tiene muy mala prensa ya que
usualmente se asocia con la fragilidad, con lo blando, con lo que no sirve para
competir en este mundo hipervigilado y que no perdona detenerse a contemplar o
a cuidar de ti, y los tuyos. Desde pequeños nos enseñaron que si no atacas,
pierdes. Que si no eres rápido, quedas fuera. Que si no respondes con
violencia, estás cediendo. Pero hay algo que no nos dijeron: que la ternura
también resiste. Que acompañar a alguien en silencio es una forma de hacer
frente. Que escuchar sin interrumpir puede ser tan poderoso como alzar la voz.
Que sanar también es luchar.
Hay una resistencia cotidiana en la persona
que prepara comida para otra. En quien se toma el tiempo de preguntar “¿cómo
estás?” y de verdad espera la respuesta. En quien de forma genuina cede el
asiento en el transporte público al ver la cara de desesperación o cansancio
del otro. En quien se acuerda de los cumpleaños o el que pregunta “¿Quieres
algo de la tienda?”.
La ternura es profundamente política porque va
en contra de lo que este sistema espera de nosotros. No produce riqueza, no es
eficiente, no escala, no genera ganancias de forma transaccional. Pero construye
algo más valioso: comunidad.
La ternura radical, nos recuerda que no
nacimos para sobrevivir solos.
Cuando hablo de ternura, no me refiero a una
emoción individual, me refiero a un acto colectivo. A una forma de estar en el
mundo que abrace en lugar de excluir. Que mire con amor lo torcido, lo cansado,
lo que ya no da más.
Por eso, defender la ternura es defender lo
que no grita, lo que no avanza en línea recta, lo que no gana premios. Es
defender al niño que llora, a la amiga que está rota, al compa que no tiene
palabras para explicar su dolor.
Aunque suene cursi (cosa no muy extraña en
este su espacio de opinión favorito), abrazar, amar y hacer comunidad también
es revolucionario. El mundo nos quiere desconectados, a pesar de ello
acercarnos, tocarnos, amarnos, abrazarnos o simplemente mirarnos a los ojos, es
un acto de resistencia.
La ternura no es ingenua, conoce del dolor,
pero eso es el motor, a pesar de todo siempre elegir cuidar y amar, por encima
de todo.
En estos tiempos convulsos, eso es más que
suficiente. Es tiempo de ternura radical.
Sígueme en twitter como @carlosavm
carlosavme@gmail.com
https://carlosvillalobos.substack.com/
Pongamos todo en perspectiva // Carlos Villalobos
Hoy nuestra realidad y nuestro mundo premia el
grito, la fuerza, la velocidad, se mide el éxito en likes, la inteligencia en
frases lapidarias(que caben solo en un tuit) y la fortaleza en la capacidad de
seguir lo más rápido posible aunque duela. Pero hay algo profundamente
subversivo en detenerse, en mirar con calma. En cuidar, tomarse un tiempo y
respirar.
He estado pensando, más de la cuenta, en la
ternura y no como un adorno, ni como un gesto bonito superficial que cabe en un
mensaje de buenos días, sino como una postura política(sí, como una postura
política), como una decisión y como un acto radical.
La ternura tiene muy mala prensa ya que
usualmente se asocia con la fragilidad, con lo blando, con lo que no sirve para
competir en este mundo hipervigilado y que no perdona detenerse a contemplar o
a cuidar de ti, y los tuyos. Desde pequeños nos enseñaron que si no atacas,
pierdes. Que si no eres rápido, quedas fuera. Que si no respondes con
violencia, estás cediendo. Pero hay algo que no nos dijeron: que la ternura
también resiste. Que acompañar a alguien en silencio es una forma de hacer
frente. Que escuchar sin interrumpir puede ser tan poderoso como alzar la voz.
Que sanar también es luchar.
Hay una resistencia cotidiana en la persona
que prepara comida para otra. En quien se toma el tiempo de preguntar “¿cómo
estás?” y de verdad espera la respuesta. En quien de forma genuina cede el
asiento en el transporte público al ver la cara de desesperación o cansancio
del otro. En quien se acuerda de los cumpleaños o el que pregunta “¿Quieres
algo de la tienda?”.
La ternura es profundamente política porque va
en contra de lo que este sistema espera de nosotros. No produce riqueza, no es
eficiente, no escala, no genera ganancias de forma transaccional. Pero construye
algo más valioso: comunidad.
La ternura radical, nos recuerda que no
nacimos para sobrevivir solos.
Cuando hablo de ternura, no me refiero a una
emoción individual, me refiero a un acto colectivo. A una forma de estar en el
mundo que abrace en lugar de excluir. Que mire con amor lo torcido, lo cansado,
lo que ya no da más.
Por eso, defender la ternura es defender lo
que no grita, lo que no avanza en línea recta, lo que no gana premios. Es
defender al niño que llora, a la amiga que está rota, al compa que no tiene
palabras para explicar su dolor.
Aunque suene cursi (cosa no muy extraña en
este su espacio de opinión favorito), abrazar, amar y hacer comunidad también
es revolucionario. El mundo nos quiere desconectados, a pesar de ello
acercarnos, tocarnos, amarnos, abrazarnos o simplemente mirarnos a los ojos, es
un acto de resistencia.
La ternura no es ingenua, conoce del dolor,
pero eso es el motor, a pesar de todo siempre elegir cuidar y amar, por encima
de todo.
En estos tiempos convulsos, eso es más que
suficiente. Es tiempo de ternura radical.
Sígueme en twitter como @carlosavm
carlosavme@gmail.com
https://carlosvillalobos.substack.com/
La ternura como acto radical (y de humanidad)
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23 de Junio del 2025
Pongamos todo en perspectiva // Carlos Villalobos
Hoy nuestra realidad y nuestro mundo premia el
grito, la fuerza, la velocidad, se mide el éxito en likes, la inteligencia en
frases lapidarias(que caben solo en un tuit) y la fortaleza en la capacidad de
seguir lo más rápido posible aunque duela. Pero hay algo profundamente
subversivo en detenerse, en mirar con calma. En cuidar, tomarse un tiempo y
respirar.
He estado pensando, más de la cuenta, en la
ternura y no como un adorno, ni como un gesto bonito superficial que cabe en un
mensaje de buenos días, sino como una postura política(sí, como una postura
política), como una decisión y como un acto radical.
La ternura tiene muy mala prensa ya que
usualmente se asocia con la fragilidad, con lo blando, con lo que no sirve para
competir en este mundo hipervigilado y que no perdona detenerse a contemplar o
a cuidar de ti, y los tuyos. Desde pequeños nos enseñaron que si no atacas,
pierdes. Que si no eres rápido, quedas fuera. Que si no respondes con
violencia, estás cediendo. Pero hay algo que no nos dijeron: que la ternura
también resiste. Que acompañar a alguien en silencio es una forma de hacer
frente. Que escuchar sin interrumpir puede ser tan poderoso como alzar la voz.
Que sanar también es luchar.
Hay una resistencia cotidiana en la persona
que prepara comida para otra. En quien se toma el tiempo de preguntar “¿cómo
estás?” y de verdad espera la respuesta. En quien de forma genuina cede el
asiento en el transporte público al ver la cara de desesperación o cansancio
del otro. En quien se acuerda de los cumpleaños o el que pregunta “¿Quieres
algo de la tienda?”.
La ternura es profundamente política porque va
en contra de lo que este sistema espera de nosotros. No produce riqueza, no es
eficiente, no escala, no genera ganancias de forma transaccional. Pero construye
algo más valioso: comunidad.
La ternura radical, nos recuerda que no
nacimos para sobrevivir solos.
Cuando hablo de ternura, no me refiero a una
emoción individual, me refiero a un acto colectivo. A una forma de estar en el
mundo que abrace en lugar de excluir. Que mire con amor lo torcido, lo cansado,
lo que ya no da más.
Por eso, defender la ternura es defender lo
que no grita, lo que no avanza en línea recta, lo que no gana premios. Es
defender al niño que llora, a la amiga que está rota, al compa que no tiene
palabras para explicar su dolor.
Aunque suene cursi (cosa no muy extraña en
este su espacio de opinión favorito), abrazar, amar y hacer comunidad también
es revolucionario. El mundo nos quiere desconectados, a pesar de ello
acercarnos, tocarnos, amarnos, abrazarnos o simplemente mirarnos a los ojos, es
un acto de resistencia.
La ternura no es ingenua, conoce del dolor,
pero eso es el motor, a pesar de todo siempre elegir cuidar y amar, por encima
de todo.
En estos tiempos convulsos, eso es más que
suficiente. Es tiempo de ternura radical.
Sígueme en twitter como @carlosavm
carlosavme@gmail.com