Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

A Don Balva, el indio

Tengo sangre de indígenas. Lejos estoy -afortunadamente- de esas pretensiones de la “sangre pura”, supremacía de la raza -declarada o velada-; la prevalencia de algún color en la tez, cualquier que este sea, no tiene ninguna importancia.

El 9 de agosto, se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y el INEGI nos recuerda que en el Censo2020 poco más de 23 millones de personas se identificaron así. De ese total, casi 7 millones y medio hablaba el idioma de su etnia.

Somos iguales en derechos, con distintas características. ¿Por qué lo distinto genera tanto escozor? La dignidad humana, la condición de igualdad, no la confieren los accidentes, sino la sustancia.

De esta forma, todas las personas, absolutamente todas y cada una, en comunidad o de manera individual, gozan de todos los derechos.

No hace muchos años, había lugares para unos y otros, dependiendo el color de su piel. Pero aún hoy: si llega cansado un indio de andar la sierra, lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra…, nos dice Gabino Palomares y, muy probablemente, también lo hayamos presenciado.

Primero, el avasallar a los pueblos originarios por quienes, con el poder de las armas y/o la superstición, les dominaron y casi aniquilaron. Después, desde la posición de poder, históricamente dejarlos en la indefensión, el abandono, la pobreza.

Noliaunque tengamos tez blanca, morena, amarilla, negra; nuestra sangre es una mezcla de quienes estaban y quienes llegaron.

Recuerdo la película Angelitos Negros, de mediados del siglo pasado, que relata una historia en este sentido.

Me honra mucho ser hijo de a quién en su pueblo le dicen el Indio, y que su mamá, Doña Candelaria, le decía “indito”. También me enorgullece la tez morena de mi madre, de mi familia tal como es, de todas y todos.

Honremos a los pueblos originarios. Respetemos su ser-personas. No nos debería agregar nada ni quitar nada -en cuestión de derechos e igualdad- el lugar de nacimiento, el idioma, la altura, el peso, el color de piel.

No hace mucho veía una animación que sitúa el origen de todas las personas de este maravilloso planeta en el África. Primigenio lugar ahora olvidado en muchos sentidos; si ahí está el origen de la humanidad, cada pueblo y nación tiene el propio.

Tomemos la maravillosa interpretación de Mercedes Sosa -la Negra- de la canción autoría de Daniel Viglietti: Dale tu mano al indio ♫♬…. Entonemos con ella e incorporemos a nuestra vida sus versos:

Dale tu mano al indio Dale que te hará bien Y encontrarás el camino Como ayer yo lo encontré…

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Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

A Don Balva, el indio

Tengo sangre de indígenas. Lejos estoy -afortunadamente- de esas pretensiones de la “sangre pura”, supremacía de la raza -declarada o velada-; la prevalencia de algún color en la tez, cualquier que este sea, no tiene ninguna importancia.

El 9 de agosto, se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y el INEGI nos recuerda que en el Censo2020 poco más de 23 millones de personas se identificaron así. De ese total, casi 7 millones y medio hablaba el idioma de su etnia.

Somos iguales en derechos, con distintas características. ¿Por qué lo distinto genera tanto escozor? La dignidad humana, la condición de igualdad, no la confieren los accidentes, sino la sustancia.

De esta forma, todas las personas, absolutamente todas y cada una, en comunidad o de manera individual, gozan de todos los derechos.

No hace muchos años, había lugares para unos y otros, dependiendo el color de su piel. Pero aún hoy: si llega cansado un indio de andar la sierra, lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra…, nos dice Gabino Palomares y, muy probablemente, también lo hayamos presenciado.

Primero, el avasallar a los pueblos originarios por quienes, con el poder de las armas y/o la superstición, les dominaron y casi aniquilaron. Después, desde la posición de poder, históricamente dejarlos en la indefensión, el abandono, la pobreza.

Noliaunque tengamos tez blanca, morena, amarilla, negra; nuestra sangre es una mezcla de quienes estaban y quienes llegaron.

Recuerdo la película Angelitos Negros, de mediados del siglo pasado, que relata una historia en este sentido.

Me honra mucho ser hijo de a quién en su pueblo le dicen el Indio, y que su mamá, Doña Candelaria, le decía “indito”. También me enorgullece la tez morena de mi madre, de mi familia tal como es, de todas y todos.

Honremos a los pueblos originarios. Respetemos su ser-personas. No nos debería agregar nada ni quitar nada -en cuestión de derechos e igualdad- el lugar de nacimiento, el idioma, la altura, el peso, el color de piel.

No hace mucho veía una animación que sitúa el origen de todas las personas de este maravilloso planeta en el África. Primigenio lugar ahora olvidado en muchos sentidos; si ahí está el origen de la humanidad, cada pueblo y nación tiene el propio.

Tomemos la maravillosa interpretación de Mercedes Sosa -la Negra- de la canción autoría de Daniel Viglietti: Dale tu mano al indio ♫♬…. Entonemos con ella e incorporemos a nuestra vida sus versos:

Dale tu mano al indio Dale que te hará bien Y encontrarás el camino Como ayer yo lo encontré…

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Sangre de indio

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10 de Agosto del 2022


Balvanero Balderrama García

balvanero@gmail.com / @Balvanero.B

A Don Balva, el indio

Tengo sangre de indígenas. Lejos estoy -afortunadamente- de esas pretensiones de la “sangre pura”, supremacía de la raza -declarada o velada-; la prevalencia de algún color en la tez, cualquier que este sea, no tiene ninguna importancia.

El 9 de agosto, se conmemora el Día Internacional de los Pueblos Indígenas y el INEGI nos recuerda que en el Censo2020 poco más de 23 millones de personas se identificaron así. De ese total, casi 7 millones y medio hablaba el idioma de su etnia.

Somos iguales en derechos, con distintas características. ¿Por qué lo distinto genera tanto escozor? La dignidad humana, la condición de igualdad, no la confieren los accidentes, sino la sustancia.

De esta forma, todas las personas, absolutamente todas y cada una, en comunidad o de manera individual, gozan de todos los derechos.

No hace muchos años, había lugares para unos y otros, dependiendo el color de su piel. Pero aún hoy: si llega cansado un indio de andar la sierra, lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra…, nos dice Gabino Palomares y, muy probablemente, también lo hayamos presenciado.

Primero, el avasallar a los pueblos originarios por quienes, con el poder de las armas y/o la superstición, les dominaron y casi aniquilaron. Después, desde la posición de poder, históricamente dejarlos en la indefensión, el abandono, la pobreza.

Noliaunque tengamos tez blanca, morena, amarilla, negra; nuestra sangre es una mezcla de quienes estaban y quienes llegaron.

Recuerdo la película Angelitos Negros, de mediados del siglo pasado, que relata una historia en este sentido.

Me honra mucho ser hijo de a quién en su pueblo le dicen el Indio, y que su mamá, Doña Candelaria, le decía “indito”. También me enorgullece la tez morena de mi madre, de mi familia tal como es, de todas y todos.

Honremos a los pueblos originarios. Respetemos su ser-personas. No nos debería agregar nada ni quitar nada -en cuestión de derechos e igualdad- el lugar de nacimiento, el idioma, la altura, el peso, el color de piel.

No hace mucho veía una animación que sitúa el origen de todas las personas de este maravilloso planeta en el África. Primigenio lugar ahora olvidado en muchos sentidos; si ahí está el origen de la humanidad, cada pueblo y nación tiene el propio.

Tomemos la maravillosa interpretación de Mercedes Sosa -la Negra- de la canción autoría de Daniel Viglietti: Dale tu mano al indio ♫♬…. Entonemos con ella e incorporemos a nuestra vida sus versos:

Dale tu mano al indio Dale que te hará bien Y encontrarás el camino Como ayer yo lo encontré…

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