La inteligencia al servicio de la vida, y no del poder ejecutivo: gubernatura 2027
17 de Febrero del 2026
En estos días, en Colima no solo respiramos calor; también comenzamos a sentir el clima electoral. La contienda por la gubernatura se aproxima mientras el estado atraviesa un momento complejo en distintos ámbitos. En este contexto, más que espectadores, debemos asumirnos como ciudadanos críticos, conscientes del poder que tendremos en las urnas rumbo a 2027.
En el debate público ha sido recurrente la referencia a los “gobiernos anteriores” como explicación de las dificultades actuales. Es comprensible que toda administración herede pendientes y retos estructurales. Sin embargo, también es legítimo preguntarnos qué avances concretos se han logrado bajo la narrativa de transformación. Cuando la responsabilidad se ejerce en presente, la ciudadanía espera resultados medibles, no solo explicaciones históricas.
Pero me sorprende algo que llamo “la campaña del silencio” Mientras el partido en el poder muestra perfiles con nombre y apellido, resulta llamativo que el partido opositor aún no formalice el suyo. Sabemos quién será; lo sabe el círculo político, lo saben los pasillos. Pero la estrategia es quirúrgica: no decir nada y permitir que el adversario dispare primero.
En mercadotecnia política esto tiene nombre: posicionamiento por contraste indirecto. Dejar que el contrario invierta recursos en atacar a un “fantasma oficial” es, en los hechos, permitir que le paguen la campaña. El silencio calculado también comunica, y mucho.
Entre tanto, los espectaculares proliferan con perfiles samaritanos, discursos de pureza moral y promesas de continuidad. La estética banal del “yo no fui” y del “vamos por más transformación” intenta blindar la marca partidaria, aunque la experiencia ciudadana contradiga el eslogan.
Pero en la calle, en el café, en las sobremesas, la pregunta se repite: ¿por cuál partido votarás? Confieso que también me la hago. Mi formación y mi historia política han estado siempre del lado de la izquierda. Pero la lealtad ideológica no puede ser ciega. Mis ideales no son negociables.
He apoyado campañas de las que hoy me arrepiento. No por cálculo, sino por convicción traicionada. Porque la política no debería ser un negocio electoral ni un trampolín personal. No se milita para obtener; se hace para transformar.
Existe una frase que adopté como oración matutina, tomada de mi videojuego favorito Horizon Zero Dawn: “Ser listo no te servirá de nada si no haces del mundo un lugar mejor. Pon tu inteligencia al servicio de algo bueno; al servicio de la vida, no de la muerte.”
Esa sentencia resume el criterio que hoy deberíamos aplicar en Colima. No basta la astucia electoral, ni el branding ideológico, ni siquiera la narrativa épica. Lo que cuenta es la capacidad de convertir inteligencia en bienestar tangible.
Bajo ese parámetro, observo perfiles; conozco varios. Algunos con gran estructura mediática; otros con maquinaria territorial; otros con apellido conocido. Pero solo uno, hasta ahora, me parece respaldado por hechos reales que no dependen del presupuesto público.
El Partido del Trabajo tiene un perfil cuya historia se sostiene en la creación de instituciones educativas: CENDI “Tierra y Libertad” y “Universidad José ;Martí” Estos ofreciendo educación accesible desde maternal hasta licenciatura, ambos reconocidos nacional e internacionalmente. Otro aplaudible es el programa de vivienda iniciado desde 1992, mucho antes de que MORENA lo convirtiera en bandera discursiva. Y todo ello sin haber acaparado el poder ejecutivo estatal.
Aquí conviene detenernos en un concepto que casi nadie menciona: Línea de Masas. La política entendida como gestión directa con el pueblo, como articulación entre necesidades reales y soluciones concretas. No como administración de culpas ni como espectáculo publicitario.
El PT, con una representación mínima en el Congreso, ha logrado, (en términos de gestión social) resultados que partidos completos, incluso siendo gobierno, no han materializado con la misma eficacia. Eso obliga a reflexionar.
No escribo esto como adhesión ciega, lo hago como análisis. Porque si algo he aprendido es que la política no se trata de repetir consignas, sino de evaluar trayectorias.
Mi voto no está decidido por nostalgia partidaria ni por disciplina ideológica. Está condicionado por una pregunta simple y brutal: ¿quién ha demostrado que puede mejorar la vida de las personas sin necesidad de administrar el presupuesto estatal?
La contienda apenas comienza, los destapes formales llegarán, las campañas se endurecerán y las descalificaciones crecerán. Pero más allá del ruido, la ciudadanía de Colima necesita recuperar una convicción básica: la inteligencia política debe ponerse al servicio de la vida, no del cálculo.
Pronto analizaré, uno por uno, los perfiles que buscan gobernarnos. Porque más allá de colores y espectaculares, el poder no se merece: se justifica. Y esta vez, más que nunca, debemos exigir que se justifique con hechos.
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